miércoles, 24 de abril de 2013

Escraches que no son escraches

Venimos escuchando en las últimas semanas la palabra 'escrache'. Una palabra que debe de ser imponente y hasta molesta cuando el propio 'número dos' del Cuerpo Nacional de Policía, Eugenio Pino, ha ordenado a todas las unidades que dejen de usar semejante palabro y lo sustituyan por “coacción, amenaza o acoso”. 'Escrache' le debe de sonar a insultar, a romper, a corromper. Eso deben de haber pensado en el Partido Popular cuando han visto sus casas rodeadas de manifestantes indignados para con la acción del Ejecutivo y sus portales empapelados con inofensivas pegatinas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), a los que no han dudado en calificar como 'etarras' o 'nazis'. Es inconcebible que un Gobierno no esté al lado de sus ciudadanos cuando más lo necesitan. Pero visto que la acción pacífica no surte efecto, entra a formar parte del juego el refrán “situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas”.

Asistimos a una de las épocas más tensas de lo que va de siglo, una época en la que las instituciones no cuentan con un respaldo fuerte, en la que quienes tienen que gobernar para todos gobiernan sólo para unos pocos, una época en la que la gente se mata porque no puede pagar una hipoteca. Ya está bien. ¿Cómo puede ser que un país en ese estado de descomposición tenga una ley hipotecaria “a la altura de los mejores mercados europeos”, en palabras del presidente de la Asociación Hipotecaria Española, Santos González? Quienes realizan los escraches piden soluciones, pero sobre todo piden atención, porque se ahogan. Esos políticos que dicen ser defensores de la democracia deberían escuchar más al pueblo, o de lo contrario España va a salir escaldada.