martes, 19 de febrero de 2013

Los puntos sobre las íes


A España lo único que puede sacarla del agujero es un cambio inminente. No han faltado, ni faltan, ni faltarán propuestas paralelas a las que toma nuestro tozudo Gobierno, unas propuestas que algunos expertos vaticinan desoladoras para la economía y la imagen españolas. No hay que hacer un gran esfuerzo para traer a colación un ejemplo: la reforma laboral, que ha sido ‘pan para hoy y hambre para mañana’, pues el plan no sólo no ha disminuido el número de parados, sino que los ha aumentado, tal y como refleja el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Aun con ello, parece ser que, si es con el beneplácito de Bruselas, todo vale. Poco importa ya lo que el ciudadano opine porque, para el Ejecutivo, éste ya ha cumplido con la democracia por los próximos cuatro años. No se puede permitir, por tanto, que un Gobierno, sea del color que sea, haga y deshaga a su antojo, que las cosas se cambien a capricho del partido de turno porque, al haber sido una idea de la oposición, lleva inherente el ser inadecuada, como la ley de Educación, una pieza clave para el futuro de un país que en España se toma demasiado a la ligera.

Dicen de España que es un Estado de derecho, que no es tal por sus situaciones completamente surrealistas. En un país serio, una ministra dimite por haber plagiado su tesis doctoral. Mientras, en España tenemos presuntos corruptos a los se les perdona defraudar a la Hacienda pública varios millones de euros. Allí lo llaman responsabilidad política. España necesita que sus ciudadanos se desperecen y actúen, pues el cambio apremia. España necesita una Segunda Transición que ponga los puntos sobre las íes.

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